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“Medellín después de Medellín”
1968 - 2018


Celebramos los 50 años de la II Conferencia del Episcopado Latinoamericano y Caribeño

Expone: Pablo Bonavía
Lugar: Parroquia Universitaria – José E. Rodó 1727 esq. Minas
Día: Sábado 5 de mayo de 2018
Horario: 9:00 a 12:00


Organiza: Amerindia Uruguay

Desde la memoria construimos el presente.






Prestigiosa teóloga en Montevideo



De ascendencia síriolibanesa, ingresó en la orden de las Hermanas de Nuestro Señor- Canónigas regulares de san Agustín en 1967, a los 22 años, después de graduarse en filosofía. Obtuvo el doctorado en filosofía con una tesis sobre Paul Ricoeur en la Pontificia Universidad Católica de São Paulo.

Exponente de la teología de la liberación, trabajó desde la perspectiva de la liberación de los pobres. Fue profesora durante casi 17 años en La salle(LS), hasta que la institución fue cerrada en 1989, por decisión de la Santa Sede,cuando Dom Hélder se jubiló. Desde entonces dedica su tiempo a escribir y a dar cursos y conferencias en diversos países del mundo, sobre hermenéuticas feministas, nuevas referencias éticas y antropológicas y los fundamentos filosóficos y teológicos del discurso religioso. Vive desde 1973 en el Nordeste de Brasil y actualmente reside en un barrio pobre de Camaragibe, a 25 km de Recife.


Pensamiento


Ivone Gebara valora la teología de la liberación porque recuperó la opción preferencial por los pobres, impulsó una espiritualidad que enfrenta las diferentes opresiones que sufren pueblos e individuos y mostró la relación indisoluble entre adherir a Jesús y luchar contra las injusticias sociales. Sin embargo critica a la teología de la liberación por su antropocentrismo y por no haber logrado desprenderse del enfoque androcéntrico tradicional. Propone entonces una epistemología diferente, ecofeminista, que desde la experiencia vivida trata de abrir las percepciones a los aspectos que siempre quedaron fuera de la epistemología patriarcal y de la ciencia oficialmente aceptada y que ella enfoca desde la perspectiva de la fenomenología.










El portavoz de la Conferencia Episcopal del Uruguay, Mons. Milton Troccoli en su cuenta personal de Facebook publicó la siguiente reflexión en torno a la marcha del #8M


Pensando en los acontecimientos de estos días. Una reflexión a la distancia.

Recuerdo que hace unos años me encontré con una persona adulta que, en su juventud, había tenido una mala experiencia con un sacerdote.

Ya habían pasado muchos años de aquel hecho, y el sacerdote, (desconocido para mí), había fallecido. El relato por supuesto me causó mucho dolor. Conmovido, lo que atiné a decirle fue que le pedía perdón en nombre de este sacerdote y de la Iglesia. Me respondió que no creía en el perdón. Y agregó: “pero como sé que para ustedes el perdón es importante, se lo doy”. Y me estrechó la mano.

Muchas veces ha venido a mi mente y a mi oración esta persona.

Hoy mirando lo sucedido con la Iglesia del Cordón, y con un poco de distancia (estoy en Bogotá), viendo las repercusiones en las redes sociales, me viene una pregunta: ¿desde dónde queremos responder?

¿Desde el lugar del enojo, de la rabia, de la indignación, (aún justificadas), o desde el lugar de la magnanimidad, del perdón gratuito, y del amor fraterno?.

Nos sentimos desorientados, insultados, y nos parece injusto.

Pero seguimos a un Crucificado, venimos de una familia de mártires que han dado su vida por el Evangelio, devolviendo bien por mal. Cada día buscamos el perdón, y queremos ser mensajeros de reconciliación.

En una marcha donde hubo reivindicaciones de muy distinto calibre, pero con un sentimiento predominante de buscar la equidad y denunciar la violencia contra la mujer, un grupo de personas, de modo premeditado, (portando capuchas), atentó contra la fachada de una iglesia histórica. También se promovieron por las redes sociales, y se entonaron, cantos ofensivos contra la Iglesia y sus responsables.

Nada de esto es para aplaudir. Han sido hechos desafortunados, que no por ello opacan la importancia social y ciudadana que ha tenido esta marcha en nuestro país, y otros países del mundo.

Creo que como Iglesia no podemos responder desde el lugar de la rabia, de la bronca, del victimismo, o devolviendo más ira. Tenemos que situarnos en otro lugar. El del perdón, de la esperanza, del respeto y la defensa de toda vida humana, y el de ver esto como una oportunidad para dar testimonio del Evangelio.

El domingo pasado, en otra parroquia de Montevideo, entró durante la misa un hombre armado, persiguiendo a una mujer para robarle. Gracias a Dios el arma se trabó y los tiros no salieron, pero podía haber sido un desastre.

Hoy fue asesinada una mujer embarazada.

Estamos en una sociedad que recurre con más frecuencia a la violencia, y hay quienes la están sufriendo duramente. Creo que este es el foco de atención.

La cantidad de mujeres asesinadas por parejas o ex parejas, de homicidios y atentados contra la vida que son conocidos cada día, nos deben poner en otra sintonía.

Pienso que, como Iglesia, sin dejar de ser claros y dialogantes, tenemos que apostar a ser fermento de una cultura diferente. Y mostrar un estilo que tenga sabor a evangelio.

Considero que hay un camino largo que tenemos que recorrer. El de un compromiso firme por hacer más humana, más digna y respetada, la vida de quienes habitamos en este querido Uruguay.




“La dignidad de la mujer: una lucha del humanismo cristiano”

 

 

En este 8 de marzo de 2018, reafirmamos nuestro compromiso con la lucha de todas las mujeres por el pleno ejercicio de sus derechos, en condiciones de equidad entre todas las personas, recordando palabras revolucionarias en su época del filósofo católico francés Emmanuel Mounier (1905 – 1950) en “Manifiesto al servicio del personalismo”.

 

Decía Mounier en 1936:

 

Un proletariado espiritual cien veces más numeroso, el de la mujer, continúa, sin que ello produzca asombro, fuera de la historia".


La deformación política que subyuga nuestra época no ha desvalorizado únicamente los problemas de la vida privada, sino que ha falseado todas sus perspectivas. La opinión pública no parece plantearse más que problemas de hombres, en los que sólo los hombres tienen la palabra. Unos centenares de miles de obreros en cada país trastornan el sentido de la historia porque han tomado conciencia de su opresión. Un proletariado espiritual cien veces más numeroso, el de la mujer, continúa, sin que ello produzca asombro, fuera de la historia.

 

La falsa feminidad


Su situación moral no es, sin embargo, mucho más envidiable, pese a las más brillantes apariencias. Esta imposibilidad para la persona de nacer a su vida propia, que, según nosotros, define el proletariado más esencialmente aún que la miseria material, es la suerte de casi todas las mujeres, ricas y pobres, burguesas, obreras, campesinas. De niñas, se les ha poblado su mundo de misterios, de temores, de tabús reservados para ellas. Después, sobre este universo angustioso que nunca las abandonará, se ha corrido de una vez para siempre el telón frágil, la prisión florida, pero cerrada; de la falsa feminidad. La mayoría no encontrará nunca la salida. Desde ese momento viven en la imaginación, no como los muchachos, una vida de conquista, una vida abierta, sino un destino de vencidas, un destino cerrado, fuera del juego. Se las ha instalado en la sumisión: no la que puede coronar el más allá de la persona, el don de sí mismo hecho por un ser libre, sino la que es, por debajo de la persona, renuncia anticipada a su vocación espiritual.

 

(…) Algunas, privilegiadas o más audaces, llegan a escaparse en el momento preciso hacia un destino personal elegido y amado. La masa de las demás se aglomera en la madeja oscura y amorfa de la feminidad. Su pobre vida apenas se distingue como un hilo que cuelga y flota sin uso. Los hombres saben lo que se les va a pedir en la vida: ser buenos técnicos de algo, y buenos ciudadanos. Los que no piensan o no pueden pensar en su persona, al menos tienen desde la adolescencia algunos puntales en que asentar las líneas generales de su porvenir. Siglos de experiencia y de endurecimiento en los puestos de mando han determinado el tipo viril.

 

Giran en torno a la ciudad cuyas puertas les están cerradas. Seres perpetuamente a la espera

 

He aquí aquéllas cuya vida se teje alrededor de una aguja, de los bordados (dieciocho años), a las ropas de recién nacido (treinta años) y a los zurcidos (sesenta años). He aquí a las que, carentes del poder de constituirse en persona, se dan esta ilusión exasperando una feminidad vengadora, y corren en pos de la belleza como en pos de Dios. He aquí estas máquinas limpias y perfectas que han dado su alma a las cosas y entregado la mitad de la humanidad, al triunfo titánico sobre el polvo, a la creación del buen comer. (…) He aquí la fila muy olvidada, muy sin trabajo, de las solitarias. Y a través de este caos de destinos hundidos, de vidas en la vejez, de fuerzas perdidas, la reserva más rica de la humanidad sin duda, una reserva de amor capaz de hacer estallar la ciudad de los hombres, la ciudad dura, egoísta, avara y embustera de los hombres.

 

De este milagro del amor que tiene su sede en la mujer… se ha hecho una mercancía cualquiera, un objeto

 

Fuerza aún casi intacta. (…) De este milagro del amor que tiene su sede en la mujer, en lugar de desarrollarlo, de realizarlo en cada una para que ella pueda a continuación darlo a la comunidad, se ha hecho una mercancía cualquiera, una fuerza cualquiera en el juego de las mercancías y de las fuerzas. Mercancía para el reposo o para el ornato del guerrero. Mercancía para el desarrollo de los asuntos familiares. Objeto (como se dice exactamente) de placer y de intercambio.

 

¿Qué necesitan para convertirse en personas? Quererlo y recibir un estatuto de vida que se lo permita. ¿Ellas no lo desean? ¿No es este precisamente el síntoma del mal?

 

¿Labores propias de su sexo?

 

Esta inercia de las interesadas no es, por otra parte, la principal dificultad. Sobre la naturaleza de la persona femenina sabemos bastante poco: el eterno femenino, las labores propias de su sexo, temas salidos del egoísmo y la sentimentalidad masculinas. En una rama humana que durante milenios ha sido apartada de la vida pública, de la creación intelectual y muy a menudo de la vida simplemente, que se ha acostumbrado en su relegación a la oscuridad, a la timidez, en un sentimiento tenaz y paralizador de su inferioridad, en una rama donde de madre a hija ciertos elementos esenciales del organismo espiritual humano han sido dejados en baldío, han podido atrofiarse durante siglos, ¿cómo discernir lo que es naturaleza, lo que es artificio, ahogo o desviación por la historia? Nosotros sabemos que la mujer está fuertemente marcada, en su equilibrio psicológico y espiritual, por una función, la concepción, y por una vocación, la maternidad. Esto es todo. El resto de nuestras afirmaciones es una mezcla de ignorancia desordenada de mucha presunción.

 

Lo masculino y lo femenino: algo por descubrir

 

¿Vamos a afirmar por esto la identidad de la mujer y del hombre? Esto sería abusar, en sentido inverso, de la misma ignorancia. Digamos tan sólo que, dejando a un lado la maternidad, de la que además conocemos mal las consecuencias generales, no sabemos a ciencia cierta ni si existe una feminidad que sea un modo radical de la persona, ni lo que esa feminidad es. Sería un grave error tomar por atributos esenciales unos caracteres sexuales secundarios, incluso psicológicos, que no son más que aspectos de la individualidad biológica de la mujer. Un error práctico más grave sería creer que se desarrolla su vocación espiritual acentuando artificialmente lo pintoresco femenino. La persona de la mujer no está ciertamente separada de sus funciones, pero la persona se constituye siempre más allá de los datos funcionales, y a menudo en lucha con ellos. Si bien existe en el universo humano un principio femenino, complementario o antagónico deunprincipio masculino, es necesaria aún una larga experiencia para librarle de sus superestructuras históricas y apenas comienza. Serán precisas generaciones: habrá necesidad de tantear, de alternar la audacia, sin la cual la prueba se retrasaría, con la prudencia, que exige que las personas no se sacrifiquen a unos ensayos de laboratorio; será preciso algunas veces hacer como que apostamos contra lo que se llama la naturaleza, para ver dónde se detiene la verdadera naturaleza.

 

El misterio femenino

 

Entonces, poco a poco, sin duda, la feminidad se separará del artificio, se colocará en caminos que no sospechamos, abandonará los caminos que creíamos trazados para la eternidad. (…)  Al hombre satisfecho con un fácil racionalismo, ella le enseñará quizá que el misterio femenino es más exigente que esta imagen complaciente que él se ha formado y le empujará a su propio misterio.

 

La conquista de su papel en la vida pública y el humanismo integral

 

(…) La mujer, entonces, no sólo habrá conquistado su parte en la vida pública, sino que habrá desinfectado su vida privada, y elevado a millones de seres desorientados a la dignidad de personas; asegurando, quizá, el relevo del hombre desfalleciente, habrá vuelto a encontrar en sí misma los valores primeros de un humanismo integral.”








Julio César Picca


                     



Hace poco más de un año falleció el compañero Julio César Picca, cristiano comprometido, militante y dirigente sindical y del Partido Demócrata Cristiano en Juan Lacaze.


Nieto e hijo de inmigrantes italianos, fue el quinto de ocho hermanos y el primero que nació en Juan Lacaze. Padre de tres hijos (poco antes de su fallecimiento la vida le permitió conocer su primer nieto). Joven obrero, integró la JOC (Juventud Obrera Católica) con un compromiso de fe que impregnó luego toda su vida.


Preso político en los años 70 y exiliado en Dinamarca entre 1981 y 1987, regresó para lidiar -junto a sus compañeros de la Agremiación Obrera Textil- con el el inexorable fin de la empresa Campomar (que él mismo vaticinó).


Artista plástico, trabajó con inspirada dedicación el noble metal que en sus manos adquiría bellas formas, las que solo el artista es capaz de conseguir. Otra forma de trascender de Julio. Son muchas sus obras, entre ellas una que todos podemos admirar en el Templo Parroquial: las puertas del Sagrario fueron repujadas por él.


Tolerante, virtuoso, sencillo, humilde, honesto, sincero, amigo y con mucho carácter, así podría definírselo.


Y para finalizar una frase suya, publicada en la Voz de la Arena en mayo de 2003 “No tengo nada de qué arrepentirme, ni nada para reclamar”.


Respondiendo a la iniciativa del GRUPO SCOUT “General Artigas “de Juan Lacaze, la Granja para Discapacitados “Esperanza Sabalera”, la Agremiación Obrera Textil (AOT), el Sindicato Papelero (CUOPYC), la Agencia para el Desarrollo de Juan Lacaze (ADE), Acción Sindical Uruguaya (A.S.U.) y otras instituciones de las que Julio Picca formó parte contribuyendo aún a su fundación, la Junta Departamental de Colonia resolvió el 29 de junio de 2017 “Designar con el nombre de Julio César Picca al tramo de la calle conocido como continuación José Salvo de la ciudad de Juan Lacaze, que se extiende desde la calle Ramón Ortiz hasta su intersección con las calles José María Loaces y Avda. Artigas.” (Decreto 030/2017)




Homenaje a Eladio Dieste. Un humanista comprometido con su tiempo.

El Instituto Humanista Cristiano Juan Pablo Terra, la Fundación Eladio Dieste y la Facultad de Arquitectura realizaron un homenaje al Ingeniero Civil Eladio Dieste, que tuvo lugar en el salón de Actos de la Facultad de Arquitectura el día 6 de diciembre de 2017 a la hora 19.






Juan Pablo Terra

Uruguayo, cristiano, pensador y político, comprometido con su tiempo.
 
Juan Pablo Terra integró de manera fecunda la fe cristiana, la labor intelectual y el compromiso social y político. Fue por ello un hombre de reflexión y acción. Su preocupación por los acontecimientos de su tiempo lo llevó a investigarlos para comprenderlos y transformarlos.. Se suceden así sus rigurosos y metodológicamente novedosos trabajos sobre el Uruguay rural, la vivienda, la infancia, y las políticas sociales; en cada uno de los cuales el esfuerzo no se agotó en el mero diagnóstico, sino que avanzó en la propuesta de políticas públicas.
 
Más aún, él mismo se involucró en la acción política para cambiar esa realidad, impulsando iniciativas que entendía imprescindibles y a la vez promoviendo la constitución de los actores políticos para llevar adelante los cambios.
 
Defensor inclaudicable de los derechos humanos, las libertades y la democracia, denunció y enfrentó con firmeza en todo momento el autoritarismo y la dictadura.

Nuestro Instituto se propone, al llevar su nombre, conservar su legado documental, traer al presente con vocación de futuro el pensamiento y la obra comprometida de Juan Pablo Terra y promover la acción política, intelectual y vital inspirada en los mismos valores humanistas cristianos que dieron sentido y significado a su vida.

Centro de Documentación
Biblioteca especializada en humanismo cristiano, economía humana y democracia cristiana.

Contiene  además libros y publicaciones periódicas sobre aspectos sociales y  políticos del Uruguay; sindicalismo, economía social, cooperativismo y  autogestión, doctrina social cristiana, entre otras temáticas  vinculadas.

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