Cuando ya existe en la población una amplia experiencia, y por tanto también una cultura cooperativa, se multiplican las probabilidades de una creación colectiva de las cooperativas por la acción espontánea de sus integrantes, siempre, naturalmente, mediando algunos liderazgos internos.

Terra, Juan Pablo. (2015 [1986]). Proceso y significado del cooperativismo uruguayo (2ª ed.). Montevideo: Instituto JP Terra, p. 181.

Desde la aprobación de la Ley General de Cooperativas en 2008, el movimiento cooperativo –tanto las organizaciones de base como sus entidades representativas- no ha parado de crecer y desarrollarse. Mucho tuvieron que ver en este proceso el accionar de las políticas públicas, pero no menos importante fue el esfuerzo y liderazgo de las federaciones y la confederación.

Más allá de los avatares de las políticas públicas, existe hoy en Uruguay una sólida base cooperativa que tiene, no solo la posibilidad, sino también el deber de continuar trabajando en la consolidación de un sector que tenga al ser humano integral como centro de la actividad económica para construir una sociedad más justa y solidaria.

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